Es nuestra intención viajar mucho y la premisa es e-co-no-mi-zar! Esta tarea se hace muy fácil en países como Bolivia, en donde uno puede alojarse por U$ 3 y comer por U$ 1 en cualquier mercado.
Si se sigue subiendo en el mapa, uno se encuentra con que se hace un poco mas caro en Colombia, donde el hospedaje ronda los U$ 7/8 y el menú ronda los U$ 2,5.
Pero ya en Costa Rica, alojarse en un hostel barato no baja de los U$ 12/14 y el “Casado” (arroz con porotos, verduras, fideos y carne) no baja de U$ 6 y no incluye sopita ni bebida!
Esta realidad obliga al viajero sin tiempo a adoptar algunos comportamientos "de roedor" para poder afrontar la onerosa circunstancia. Pero estas medidas pueden acarrear algunas indeseadas consecuencias…
Dada la buena experiencia en Santa Marta y anticipando los altos costos de San José, volvimos a utilizar couchsurfing.org y aplicamos solicitudes de alojamiento (gratuito) a todos los anfitriones que recibieran a 2 personas (son los mas difíciles de conseguir). Pero los exámenes, los viajes, las remodelaciones, el exceso de trabajo y la falta de lugar ocuparon el “top five” de motivos de rechazo. Hasta que un alemán residente nos dio el tan ansiado Si!
La única forma fue llegar hasta el Supermercado Napoli fue preguntando a la gente en el colectivo y luego, una vez ahí, llamar por teléfono para que nos venga a buscar, ya que ninguna calle tiene nombre y ninguna casa posee numero. Aunque todos aseguran que las cartas llegan sin problema.
Nuestro host resultó ser un personaje entrañable, joven de 27 años, amante de Latinoamérica, aprendiz de salsa, cha cha cha y cumbia, surfer, músico charanguista y compositor. Pero se encontraba pasando por lo que podríamos llamar un cuadro de stress laboral combinado con angustia a raíz de un amor no correspondido.
Su casa era pequeña pero muy cálida, con algunos vestigios de trasnochadas; los platos sin lavar y una muy creativa ubicación de las ropas usadas. Pero lo importante era que contaba con dos colchones para que Luz y yo podamos dormir en el piso del living.
Una mañana durante el desayuno Markus muy apenado nos confiesa que había tenido que matar un ratón. Le daba pena porque lo había visto crecer, pero ya estaba muy grande para compartir la casa con el. A Luz se le atragantó la tostada.
Esa misma tarde, cuando volvimos a la casa luego de una recorrida por el barrio encontramos “rastros”. Lo que iba a ser nuestra cena ya había sido el almuerzo de otro indeseado compañero de cuarto. Así que me vi obligado a seguir los pasos de Muck, y coloqué la trampa con un trocito de pollo detrás del sillón.
A la mañana siguiente no encontré el pollo, tampoco al ratón, pero en su lugar había una increíble madeja de hormigas que se habían devorado la carnada. Esa noche, sin volver a cebarla, verifiqué el estado de la trampa y nos fuimos al bar. A la mañana siguiente (5:00 am hora Costarricense) madrugamos para ver el triunfo de Argentina ante Corea por Internet en el estacionamiento del Mc Donalds de San Pedro. Luego, una merecida siesta.
Una mezcla de sorpresa, culpa y sensación de victoria* me invadió al despertarme y encontrar detrás del sillón a un pequeño ratoncito negro desnucado por el poderoso alambre de resorte de la trampera.
Lo mas cruel fue que el pobre bicho se jugó la vida tan solo por el olor, mientras nosotros dos, los ratas, escribimos esta historia en Tamarindo, una semana después, desde la pileta de un hostel de U$14 que nos dejaron a U$10.
*Es una sensación parecida a la que se tiene cuando uno pesca.
