jueves, 17 de junio de 2010

Un partido difícil de jugar en el caribe: El camping

Nunca le creas a una carpa impermeable de U$ 14,90;  fue lo que me enseñó la naturaleza luego de ganarnos dos “test match” jugando de local.

El primero fue en Cabañas de Buritaca, una villa de pescadores devenido en “Punto Turístico” ubicada en el comienzo de la Guajira Colombiana. Una de esas fotos de postal, donde se puede ver la puesta del sol sentado solo en la playa, frente a dos espejos de agua, el río Buritaca y el mar Caribe, separados ambos por una angosta playa de arena clara. Todo este cuadro con la montaña como marco.

Era el estreno de la “tienda de campaña” que compramos días antes en la oferta del Supermercado Éxito de Santa Marta. Por eso preferimos ser previsores y armar un rudimentario sobretecho con hojas de plátano sobre la carpa para hacerle frente a cualquier lluvia tropical que nos pudiera sorprender.
Pero el caribe en época de lluvias no tiene piedad con ningún argentino aventurero que desoye las advertencias de los habitantes locales. “Tengan cuidado porque con las lluvias el río crece, trae las víboras y se lleva todo”   Pero el cielo estaba despejado, teníamos una carpa nueva y habíamos orinado cerca de la carpa para alejar a los reptiles, tal como nos indicó un pescador…

Esa noche terminamos rogando que nos alquilen un cuarto por U$S 15, no nos importó que la luz y el agua estuvieran cortadas. Lo importante era que estábamos a salvo de ese aguacero imparable, lejos del río crecido y de los cangrejos y alimañas de la rivera. 
Al día siguiente volvimos al camping, el sol brillaba y todo era paz. Emparchamos el vulnerado techo de hojas de plátano y pusimos la ropa al secar.
Al mediodía el cielo se empezó a cerrar… levantamos campamento y volvimos a Santa Marta con la cola entre las patas. 1 a 0.

Se va la segunda
     
El segundo partido tuvo lugar diez días después, en Boca de Drago una playa de la isla Colon, parte de un archipiélago del Caribe de Panamá, cerca del límite con Costa Rica.
Este páramo era aun mas desolado, tenia cuatro casas, un restaurante para recibir a los turistas que iban a pasar el día y un eco-lodge de investigaciones que alojaba a un par de estudiantes gringos. Pero el lugar de acampe parecía un deja-vú. Un pequeño río cangrejero que desembocaba en el mar, mucha vegetación, cielo despejado y la puesta del sol en la puerta de la carpa. El condimento extra eran las “chitras” unas muy pequeñas mosquitas que viven en la arena, pican duro y usan el repelente como aderezo de humanos.
Esa noche Luchi hizo sopa de fideos y un guiso de verduras, de esos que salen con ese gustito a campamento, difícil de igualar. Muertos de cansancio, con la panza llena, el cielo estrellado y las chitras volando a través del mosquitero nos fuimos a dormir. O por lo menos lo intentamos.
El calor era sofocante y nos levantamos varias veces para dar vuelta la carpa intentando captar alguna brisa por la única ventana mosquitero. Esto sumado a las picaduras y a la preocupación por las gotas que empezaron a caer me hacían difícil pegar un ojo. Pero todo intento de dormir se terminó de frustrar cerca de las 2 am cuando la carpa filtraba agua como una manga de café. Luz dormía como un bebe!
Metimos los documentos, la netbook y la cámara dentro de una bolsa y fuimos abriéndonos paso con un palo entre cangrejos y mantarayas atravesando el pedazo de riomar que nos separaba del sector “poblado” de la playa. Ahí nos guarecimos en un quincho sobre un muelle y esperamos el amanecer. Las chitras no aflojaron. 2 a 0 y con baile.

A las 6:00 cuando amanecía la lluvia paró. Estábamos cansados, llenos de picaduras, sucios y  de mal humor. Junto con el sol apareció “Colombia”, un mulato de 38 años  que cuidaba la casa a la que pertenecían el muelle y el quincho. Más tarde me voy a enterar de que gran parte de aquel hermoso lugar era de los mismos dueños.
Pero Colombia, a pesar de su aspecto, cumplió la función de shoten zenjin*,  nos ofreció una ducha, café, comida y hospedaje en una casa cercana que estaba desocupada. Todo gratis, claro.   


A primera vista era un desastre, no tenia luz, abundaban los bichos, la tierra y el oxido en techos y herrajes. Pero con el envión de la ducha fresca le pegamos una lavada de cara y colgamos cosas mojadas en cada baranda, silla o soga de la casa. Finalmente nos venció el cansancio sobre el colchón del primer piso.

La tercera es la vencida

Con la tinta fresca en el pasaporte llegamos a Puerto Viejo un pueblo turístico, en el Caribe sur de Costa Rica. Lo pensamos dos veces pero finalmente rechazamos la invitación a poner la carpa en el jardín de una casa que alquilaban 3 canadienses con los que compartimos el viaje. Preferimos pagar U$ 4,9 y armarla bajo techo en “Rocking J’s”, el hostel con mas onda de todo el pueblo. Tenemos locker para los bolsos, cocina, pool y baños con jabón y papel higiénico! 2 a1. y en cualquier momento buscamos el empate.


* Funciones protectoras de la vida (según el budismo de Nichiren Daishonin).

3 comentarios:

  1. Hermanos, estoy feliz por ustedes, qye bueno que siga todo bien a pesar del mal tiempo, como me gustaria poder acompañarlos un tiempito, les deseo lo mejor en el resto del viajo y ya saben siempre a la orden en cualquier cosa que les pueda ayudar, saludos desde Chile.

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  2. Hola Renzo querido! Como andas?
    No hablemos de futbol....

    Gracias por dejar tu comentario y por seguirnos desde el pais hermano. Te mandamos un abrazo.

    Santi y Luz

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  3. hola santi y Luz, hermoso las fotos y ahora tus relatos!!!!!!!sigo viajando con ustedes....primero con esas fotos que mustran y relatan la vida que van haciendo en el camino.y ahora con los relatos que dan detalles.....con todo mi amor!!!!!!!!!!! maria jose

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