Fue una gran desilusión darme cuenta que aquí nadie usa sombrero. Quién no vio “El sastre de Panamá” con Pierce Brosnan? Dónde está la gente con trajes de lino? Eso ya fue o nunca existió? Como sea, en mi corta estadía en esta ciudad ví mas “jeans chupines” que guayaberas.
Esto no quita que Panamá tenga un atractivo muy particular, y lo que la primer noche hacía que cuente las horas para irnos, hoy, cinco días después, hace que no quiera dejar de caminar por sus calles.
La noche que llegamos recorrimos tres hostels (full de gente) antes de dar con el clásico Hotel Colon, ubicado en el antiguo barrio de San Felipe. La señora que nos entregó la llave del cuarto dijo: - “Primero mírenla y vean si se quieren quedar”.
- ¿Incluye desayuno?- “Ni desayuno, ni TV, ni agua caliente”.
- ¿Internet?
-“Tampoco tenemos eso”.
Muerto de cansancio agarré la llave y subimos a ver de qué se trataba…
Creo que en ese momento comprendí profundamente el significado de la palabra “desidia”. El “hotel” tiene los rasgos de haber sido un edificio bellísimo: tres pisos con terraza, un clásico ascensor manual (operado de vez en cuando por una de las dos únicas personas que trabajan en el hotel) y pisos cubiertos de venecitas hexagonales formando minuciosos dibujos y tramas. Las habitaciones están divididas por una muy prolija carpintería grisácea que da la sensación de pajarera antigua. Las camas son hierro al estilo “hospital” con elástico y resortes metálicos. Ni el ventilador de techo ni la luz funcionan, lo que nos ahorra el triste espectáculo de las paredes con toda la pintura descascarada. Es un lugar que parece no haber tenido ningún tipo de mantenimiento en los últimos 60 años a U$ 15,45 la habitación doble. La tomamos!
No muy diferente es el Casco Antiguo de Panamá, un lugar abandonado en el tiempo. Las calles muestran bellas fachadas de edificios con su interior demolido y carteles de “Se Vende”. Las casas habitadas tienen sus frentes devastados por los años, plantas creciendo entre las rajaduras de sus paredes y remeras, bombachas y calzones colgados de las barandas de los balcones. Esto se repite en cada esquina, cada cuadra, cada manzana, cada barrio y hace que deje de parecer triste e inseguro para pasar a ser pintoresco e intrigante.
En cambio, a unos pocos kilómetros de San Felipe, sobre el mismo mar caribe se erige una moderna e hibrida Panama City con Shopping Centers y edificios de cristal y aluminio.
Luchi está lista, nos vamos a almorzar al café Coca Cola y quizás después nos demos una vuelta por la Plaza de la Catedral, a sacar fotos a esos lindos edificios reciclados al estilo San Telmo porteño. Esas fotos van a recordarnos una ciudad a la que el hasta el mar ha olvidado...

No hay comentarios:
Publicar un comentario